martes, 11 de enero de 2011

12. Los Tuxtlas



Orígenes de la Estación de Biología
Tropical Los Tuxtlas
(1967-1977)

Palabras clave: Beatriz Gómez Lepe, Carlos Vázquez-Yanes, Comisión dioscóreas, Ecofisiología, germinación, Instituto de Biología, Jardín Botánico, José Sarukhán, Los Tuxtlas, Mario Sousa, regeneración de selvas, semillas, sucesión secundaria.

En 1965, después de haber pasado un año en los Estados Unidos trabajando en la revisión final de mi tesis doctoral, tuve que apresurar mi regreso a México debido a la terrible noticia del fallecimiento del Dr. Faustino Miranda (1905-1964), mi maestro y director de tesis.

Fue una muy importante decisión en mi vida ya que tenía dos alternativas: aceptar el ofrecimiento de una beca por un año en el Arnold Arboretum, para continuar mis estudios sobre la flora y ecología de la vegetación de Veracruz; o bien, regresar a México y analizar las posibilidades de conseguir un empleo en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Ya en México, tuve la oportunidad de hablar con el director del Instituto de Biología de la UNAM, el Dr. Roberto Llamas, a quien yo conocía muy bien porque había hecho mi tesis en el laboratorio de bioquímica, bajo su dirección, en esa entidad académica, bajo la asesoría del Dr. Juan Roca Olive. Así que fui a hablar con él para ver qué posibilidades habría de incorporarme al Instituto de Biología y él consideró que una de ellas podría ser en el departamento de bioquímica, ya que existía la posibilidad de una plaza de técnico académico. La otra posibilidad era esperar a que se abriera un puesto de investigador en el Departamento de Botánica.

Refiriéndose a esta segunda posibilidad, el Dr. Roberto Llamas me comentó que estaba muy preocupado por la situación en que se encontraba el Departamento de Botánica, luego del fallecimiento del Dr. Miranda y también del profesor Maximino Martínez (1888-1964). Lo cual quizás abriría la posibilidad de crear un puesto de investigador en dicho departamento.

Por mi parte, le comuniqué que tenía un puesto de colector científico dentro del Jardín Botánico de la UNAM, mismo que había conservado durante mi estancia en los Estados Unidos gracias a la comisión que me dio el Dr. Miranda. Obviamente se trataba de un puesto de bajo nivel, por lo que mi respuesta ante sus ofrecimientos fue que me interesaba mucho solicitar el de investigador en botánica.

El Dr. Llamas me advirtió sería muy complicado, puesto que había muchas restricciones para otorgar nuevos puestos y, además, se requería la aprobación de la rectoría de la Universidad, en ese entonces ocupada por el Dr. Ignacio Chávez. Así que quedó pendiente.

También por ese tiempo, en 1965, tuve la oportunidad de integrarme como profesor de botánica a la Facultad de Ciencias de la UNAM e inicié un curso de Botánica Fanerogámica, que por cierto, en mis tiempos de estudiante fue una de los materias que menos me gustaron. Por lo cual, el preparar este curso fue un reto y un aliciente para cambiar la forma y contenido de la enseñanza sobre la botánica y hacer ésta más interesante y atractiva para los estudiantes.

Con respecto a mis intereses en la investigación, había decidido hacer un cambio hacia dos temas muy importantes. Uno de ellos era realizar un estudio florístico en algún estado de la República, y decidí que fuera Veracruz, dada mi experiencia en los trabajos florísticos que había tenido con la Comisión de Dioscóreas y en el desarrollo de mi tesis doctoral.

Otro tema que me pareció importante desarrollar era un estudio a fondo del proceso de regeneración de las selvas altas perennifolias. Este tema había sido objeto de mi interés desde que participé en los trabajos de la Comisión de Dioscóreas, en el estudio de la sucesión secundaria, que formaba parte del planteamiento teórico de mi tesis doctoral.

Con la experiencia que ya tenía y una serie de lecturas sobre el tema, pensé que lo más importante en ese momento era concentrar los esfuerzos en un solo sitio para conocer con profundidad el proceso de regeneración de una selva alta.

En mi curso de la Facultad hablaba de estos asuntos lo cual despertó el interés en varios estudiantes que quisieron unirse a mi proyecto, lo cual me pareció una estupenda oportunidad. Fue así como empecé a reclutar estudiantes de la carrera de Biología, que quisieran hacer su tesis conmigo.

Sin embargo, el asunto que aún quedaba pendiente era: ¿En dónde? La experiencia con la Comisión de Dioscóreas, en una estación experimental en el ejido Benito Juárez, había resultado negativa porque no se respetó el acuerdo verbal que hicimos a fin de que nos dejaran estos sitios para observaciones de largo plazo y, desafortunadamente, los sitios permanentes estudiados por José Sarukhán para su tesis profesional fueron quemados y utilizados para la agricultura.

Ante esta terrible experiencia, desde el punto de vista de la investigación científica, el problema era encontrar un sitio del que realmente dispusiéramos en el largo plazo y en donde fuera posible hacer observaciones y experimentos.

La decisión de buscar una nueva estrategia de investigación para entender la dinámica de la regeneración de las selvas la tomé al estar escribiendo mi tesis y darme cuenta que mas muestreos de vegetación poco me ayudarían a entender el proceso sucesional. Por este motivo decidí dedicar nuestros esfuerzos a conocer algunos procesos ecofisiológicos en algunas especies dominantes de distintas etapas de la sucesión secundaria y en la dinámica de la regeneración al interior de las selvas altas. Esto significaba entrar a campos nuevos de investigación experimental para los cuales yo no tenía experiencia, como era el caso de la germinación de semillas. Para resolver esto, invité a Beatriz Gómez Lepe quien había sido mi compañera en la carrera de Biología en la Facultad de Ciencias y que recientemente había regresado a México después de haber obtenido una Maestría en Fisiología Vegetal en la Universidad de California en Riverside. Con ella se hizo el primer estudio sobre germinación de semillas que se presentó en 1969 en el Congreso Mexicano de Botánica y fue publicado en 1972  (Gómez Lepe B. y E. Jiménez Avila. 1972. Seed germination of two secondary tropical plant species: Heliocarpus donnell-smithii Rose and Piper auritum H.B.K An. Inst. Biol. Univ. Nac. Autón. Mex. Ser. Biol. Exp. 43 (1): 17-34). Desafortunadamente esta colaboración no continuó ya que nuestros intereses eran distintos y no teníamos un laboratorio para este tipo de estudios. Conociendo muy bien las razones de nuestro interés por los estudios ecofisiológicos para entender la regeneración de las selvas y mi ignorancia en el tema, un brillante estudiante que colaboraba conmigo: Carlos Vázquez-Yanes, decidió conseguir una beca para cursar una Maestría en Ciencias en Bélgica en ecofisiología vegetal y afortunadamente la consiguió.

Una oportunidad -ya mencionada en el Capítulo 11 de este Blog sobre el Jardín Botánico de la UNAM- para conseguir el sitio para llevar a cabo los estudios de regeneración de selvas llegó cuando, platicando sobre mis preocupaciones sobre este tema, uno de mis colaboradores en la Comisión de Dioscóreas –el Mtro. Mario Sousa– que trabajaba en el Jardín Botánico de la UNAM nos dijo que él podía investigar en el Departamento de Asuntos Agrarios si existían algunos sitios que pudieran ser donados a la UNAM para este proyecto. Al mismo tiempo, él nos mencionó, algo que yo ya sabía, que su padre había sido Director General del Departamento de Asuntos Agrarios y quizá conocía a personas que tuvieran información sobre posibles sitios disponibles para la investigación que, eventualmente, podrían ser comprados o donados.

Mario se comprometió a hacer las indagaciones necesarias sobre este asunto. Esta posibilidad fue una noticia muy importante. La respuesta llegó prontamente : se había obtenido información sobre unos terrenos en la zona de Monte Pío (en el estado de Veracruz), en una antigua colonia militar que nunca había sido ocupada. Los terrenos, que eran extensos, habían sido donados a militares de alto rango del Ejército Mexicano y muchos de ellos nunca habían tomado posesión, incluso, algunos ya habían fallecido y por ese motivo, quizás algunos de esos terrenos podrían estar disponibles para nuestros fines. Le pedimos que siguiera con esos trámites y, al mismo tiempo, nosotros también veríamos lo que podíamos hacer desde la Universidad.

Se trataba de una zona estupenda para nuestros fines, con selvas altas muy bien conservadas. Se hicieron todos los procesos legales, se publicaron los edictos y finalmente la Universidad compró en 1967 el predio a un precio muy módico. De esa forma se adquirió el sitio de aproximadamente 600 hectáreas, el cual hasta hoy se conoce como la “Estación de Biología Tropical Los Tuxtlas.” Todos los trámites fueron hechos por el Jardín Botánico de la UNAM y por ello la estación quedó a su cargo.

El siguiente problema al que nos teníamos que enfrentar era el financiamiento de la estación y de las investigaciones que estábamos planeando realizar en este nuevo sitio de la UNAM. En ese tiempo aún no existía el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y las fuentes de financiamiento eran muy escasas.

Afortunadamente, yo contaba con un subsidio, obtenido a través de la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos, para el proyecto Flora de Veracruz. Lo que hice fue ampliarlo para incluir a la ecología como parte integral de un estudio sobre la flora (ecológica) de Veracruz. De esta manera algunos de los recursos económicos que tenía para las colecciones botánicas de la flora podían utilizarse también para realizar estudios ecológicos de la regeneración de la selva de la nueva estación.

También en ese tiempo hice la solicitud a una pequeña fundación norteamericana que se llamaba The Research Foundation, en Vermont, para obtener recursos a fin de realizar los primeros estudios ecofisiológicos sobre la germinación de semillas tropicales. Para nuestra fortuna nos dieron cinco mil dólares, en ese tiempo bastante buenos, que nos sirvieron para comprar equipo para iniciar los trabajos ecofisiológicos. El protocolo de la investigación lo desarrollé gracias a la asesoría del Dr. Peter Ray un distinguido fisiólogo vegetal con quien tuve la oportunidad de consultar para el estudio de la germinación de especies secundarias. Desafortunadamente la investigación requería tener cámaras de crecimiento y de germinación, mismas que no teníamos. Con el apoyo económico obtenido y al regreso de Carlos Vázquez-Yanes de Bélgica decidimos construir las cámaras en el Jardín Botánico Exterior. El proceso de construcción nos llevo varios meses, al igual que las instalaciones eléctricas. Nunca pudimos lograr un verdadero control de la luz, humedad y temperatura en estas cámaras. Las “cámaras de crecimiento” se transformaron en un pequeño laboratorio. Gracias a nuestra perseverancia no nos dimos por vencidos. Carlos Vázquez-Yanes diseñó experimentos muy sencillos pero efectivos para estudiar el papel de la luz y la temperatura en la germinación usando la asesoría y las técnicas desarrolladas por el laboratorio de semillas del Dr. Peter Thompson de los Jardines Botánicos de Kew. Este fue el inicio de la brillante carrera académica de Carlos Vázquez-Yanes (qepd), quizás el mas importante ecofisiólogo vegetal de México, reconocido mundialmente por sus estudios en ecofisiología de la germinación de semillas tropicales.

Por este tiempo, se abrió una plaza de investigador en el Departamento de Botánica del Instituto de Biología a la cual opté y la conseguí gracias al decisivo apoyo de la Dra. Helia Bravo y del Dr. Roberto Llamas.  También me nombran Jefe del Herbario Nacional.

En ese tiempo se da el cambio de director en el Instituto de Biología de la UNAM y mi nombre fue incluido entre los candidatos. Sin embargo, mi corta experiencia administrativa en la UNAM fue decisiva para eliminarme. Se nombra al Dr. Agustín Ayala Castañares, cuya candidatura yo apoyé ante las autoridades universitarias.

El nuevo director me nombra jefe del Departamento de Botánica. Al mismo tiempo, se decide la incorporación del Jardín Botánico y la Estación de Biología “Los Tuxtlas” al Instituto de Biología, quedando éstos a cargo del Departamento de Botánica. Esta decisión administrativa, que no necesariamente fue muy bien vista por todos los botánicos, se tomó pensando en que era la mejor opción para consolidar toda el área botánica dentro la UNAM, contando con el Herbario Nacional, el jardín botánico y la estación de Los Tuxtlas con innovadores proyectos de investigación en ecología tropical.

Con esta infraestructura y algunos recursos adicionales provenientes del Departamento de Botánica, se logró armar un ambicioso proyecto de investigación de largo plazo en la estación de Los Tuxtlas, el cual hoy es muy bien conocido nacional e internacionalmente como el proyecto “Regeneración de selvas altas”, del cual salieron importantes publicaciones científicas.

En esta primera etapa de la estación Los Tuxtlas, que duró varios años, estuvieron a cargo de la dirección de la reserva tres de mis estudiantes: Antonio Lot, Víctor Toledo y Omar Villalpando.

La infraestructura de la estación era mínima en un principio, se contaba con una choza rústica para el vigilante de la reserva y una instalación –también muy rústica– que servía como laboratorio y dormitorio multiusos. Bajo estas grandes limitantes económicas y físicas debo reconocer que se generó uno de los proyectos más interesantes y avanzados en la investigación ecológica del país, sólo explicable por la enorme energía, inventiva, interés, trabajo y capacidad de un primer grupo de estudiantes e investigadores extraordinarios con que tuve la fortuna de contar como colaboradores de este proyecto en Los Tuxtlas en ese tiempo: Silvia del Amo, Ana Luisa Anaya, Julia Carabias, Salvador Flores, Sergio Guevara, Antonio Lot, Beatriz Ludlow, Patricia Moreno, Veronica Nava, José Nieto de Pascual, Alma Orozco-Segovia, Manuel Rico, Margarita Soto, Victor Toledo, Carlos Vázquez-Yanes.

El proyecto de regeneración de selvas tuvo una duración de aproximadamente 10 años en su primera etapa, ya que posteriormente varios de los investigadores que se formaron en este programa siguieron sus propias líneas de investigación y algunas de ellas continúan hasta la fecha. Un factor fundamental que permitió tener esta continuidad fue la creación del CONACYT, organismo que otorgó uno de sus primeros subsidios a la investigación precisamente a nuestro proyecto de regeneración de selvas, mismo que mantuvo por varios años. Este proyecto lo desarrollaré ampliamente en otro capítulo.

Atte
  

Dr. Arturo Gómez-Pompa